Nos levantamos a las 7 de la mañana. Yo voy a la ducha, me espabilo, me lavo los dientes, me visto y empiezo a desperezar a esta gente. Salimos para la estación JR a la que tiene que llegar Takuya. Por el camino, paramos en un Seven a comprar desayuno. Otra cosa nueva que probamos y no tengo ni idea de lo que es. Era cómo un panini, pero suave, en plan desayuno. Seguimos y pronto damos con la estación, gracias a la Torre de Kyoto, que está enfrente y se ve con facilidad desde lejos. Llegamos pronto, así que nos vamos a desayunar otra vez. Más cosas raras y nuevas. Al menos el chocolate era un cola cao de toda la vida, eso es positivo.
El paisaje alrededor del Kinkakuji es precioso. Un estanque con animales, mucha vegetación, brisa suave, todo en silencio. Precioso. Juzgad vosotros mismos con la foto.
Partimos entonces camino del Ryoanji. No deja de ser otro templo más por fuera, pero por dentro:
Un templo enorme, muy zen todo. "Hay muy poco, pero hay suficiente", es lo que piensas mientras andas pisando la madera que cruje bajo tus pies, rodeado de silencio.
Con este templo también visitado, partimos hacia el Ninnaji. Este probablemente fue el más rentabilizado, porque era enorme y había miles de cosas que ver. No quiero saturar esto de fotos, así que las fotos de Ninnaji se pueden ver en mi perfil de Facebook. Pronto me entretendré en ponerle nombre a las fotos para que se sepa de dónde son.
Vamos entonces a la zona de Arashiyama. Paseando por allí, aprieta el hambre y decidimos entrar a comer Tempura. Riquísimo, como cabría esperar. Y caro. Hoy ha sido un día caro entre entré templos y comidas buenas.
Paseamos un rato por la zona y a la hora, aproximadamente, Takuya propone ir a tomar "dulces japoneses". En Japón hay 3 cosas que van en todas las comidas: té verde, soja y judías. Da igual que sea almuerzo, cena, desayuno o postre, o un vaso de agua. Lleva eso. Bromas aparte, y aunque fuese muy raro, estaba rico.
Empieza a atardecer y nos preguntamos qué hacer, porque los templos y demás cierran o han cerrado. Decidimos ir a Gion una vez más (hemos ido todos los días) y compramos dulces, vemos Yukatas, vemos muñecas de geisha y yo veo unas sandalias de madera que al final no compro (maldita sea). Dejamos las compras en el Ryokan, que pilla cerca, y nos vamos en busca de la cena. No sé el nombre del barrio, pero no estaba demasiado lejos de donde nos alojamos. Entramos a un sitio MUY CARO y nos dicen en perfecto japonés que ya van a cerrar, porque son las 20.40 (cuidado, madrugando). Entonces acude en nuestro rescate el cocinero jefe, que dice que pasemos. Nos sirven sushi del bueno (de ahí que fuese caro), pero merece la pena. Al menos por probar 30€ de pescado en miniatura alguna vez en tu vida. Por cierto, los palos cada día se me dan peor. Literalmente, cada día voy desaprendiendo un poco más.
Salimos con el estómago lleno de la cena más cara de mi vida. Llega el momento de despedir a Takuya, que me dice que volverá a España, pero no sabe cuando (esto es una cita a mí mismo, que dije que volvería a Japón pero no sabía cuando), nos estrechamos la mano, se despide de todos, y volvemos a nuestro Ryokan.
Lo he resumido mucho, porque esto tampoco es un diario, pero ha sido un día muy completo.
¡Un saludo a los lectores!
Veo que el día de hoy ha sido el más productivo (para ti, supongo que ya es ayer), puesto que no has tenido tiempo escribir nada ni de subir fotos.
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