De todos modos tengo que decir que Alemania, al igual que España, no me hace sentir que haya encontrado mi sitio. Me ha gustado ésta experiencia, pero Alemania no es para mí un hogar.
Es una realidad triste, tal vez afectada por el hecho de que todo mi círculo de amigos empiezan a tener planes más o menos estables para el futuro con parejas, trabajos, etc. Y yo aquí, como si estuviera en el instituto. O en la mili, algunas veces.
De todos modos, entre la mezcolanza de sentimientos que me produce el pensar en tener que irme de aquí, se encuentra el de la tristeza. Porque no, no quiero irme. Mis ganas de irme son mayores que las de quedarme, pero eso no significa que me haga feliz irme. Y es que ahora tengo amigos aquí, pero quedarse por ellos sería estúpido dado que ellos también se van.
Se van los amigos, pero se quedan las calles de Leipzig,
se queda volver de echar una copas a las 4 de la mañana y que sea de día,
se queda la barbacoa día sí y día también,
se quedan los mercados de segunda mano casi cada fin de semana,
y los mercados locales,
y los de navidad,
y los de exposición,
en fin, muchos mercados.
Se queda el PFAND. Para los que no sepan qué es esto, es simplemente que recibes una cantidad de dinero (dependiendo de la botella y de la ciudad en la que estés) al devolver las botellas en el supermercado. En Leipzig son 25 céntimos cada botella de plástico o lata, u 8 céntimos por las de cristal, sean del tamaño que sean. Como estaréis imaginando, no hay ni una botella en la calle.
También se quedan esos chicos de mi edad que cantaban villancicos en navidad, porque sí, porque es navidad.
Se va a quedar ese interés por todo lo que pasa en España mientras estás fuera, que hace que te enteres de todo antes que los propios españoles.
Se quedan los más de 50 tipos diferentes de cerveza que he probado, literalmente, y aún no son ni la mitad de las que puedes encontrar en cualquier supermercado normal. PILSNER, HEFEWEISER, SCHWARZ, da igual, todas están buenas. Me gustan, pero no hace justicia porque normalmente me gusta la cerveza, pero a ti, lector, también te gustarían. Incluso si eres de los de "Yo es que soy más de vino". En Alemania se bebe cerveza, y cuando estás aquí y está tan buena y tan barata entiendes por qué. De hecho, aquí es legal beber cerveza siendo menor de edad (16 años). ¿Dónde encuentro yo las botellas de cerveza de medio litro ahora? Porque eso es lo normal aquí. Las de 0'33cl son cervezas especiales de banana, cereza y cosas así tipo Shandy, que no son cerveza. Es muy raro encontrar cervezas de menos de medio litro, o de más de medio litro. Las cervezas son de medio litro y punto.
Se queda el MATE, una bebida asquerosa que no echaré de menos pero seguro que recordaré el resto de los días como una de las bebidas más repugnantes que jamás haya provado: Una mezcla de té, coca cola, agua y cerveza con azúcar. A los estudiantes alemanes les encanta por algún motivo, y a la mayoría de los Erasmus también, supongo que para sentirse integrados.
Se queda el agua con gas, que también les encanta a los alemanes, ¡y a mí! Pero no le gusta a nadie más. No entiendo ésto tampoco, porque es básicamente casera de toda la vida.
Se va a quedar la expresión "Supergeil!", que significa "¡Super chulo!". Y se quedará también el "Achso!", "Ah claro!" y el repetir "Ya, ya, ya, ya" cuando te enteras de algo mientras te explica un profesor, y aunque lo digas en español él te entiende porque para él es "sí, sí, sí, sí" en alemán.
Se van a quedar los alemanes en general, con su estilo que nunca llegaré a entender (como lo de las sandalias con calcetines y birra en mano),
y se van a quedar los sajones, con sus peinados de batidora y pelo de colorines.
Se queda que nadie critique la forma de vestir de alguien, salvo cuando vienen españoles (somos así).
Se va a quedar el hecho de que vayas a la universidad y te den las cosas gratis, como un taco de 200 páginas de apuntes fotocopiados (que en Jaén serían unos 6 euros y una cola de media hora, y eso si tienes suerte de poder hacerlo en la universidad), o una taza, o una camiseta, ¡o lo que sea que te hayan dado!
Se van a quedar los conciertos diarios en la calle, y sobretodo los que se hacen en los parques y en la Casa de la Música.
Por supuesto, se va a quedar la música alemana en la discoteca, o el lanzarte a cantar cuando ponen una canción en español y ver cómo flipan a tu alrededor.
Se van a quedar los planes cada fin de semana para hacer algo distinto, probablemente con gente distinta.
Se va a quedar Leipzig, en general,
con su playa,
su río,
sus infinitos parques verdes por todos lados,
sus puentes llenos de candados,
sus tranvías ¡¡PUNTUALES!!,
sus carriles bici por todas partes, con los que llegas a todos lados en menos de 20 minutos,
sus Mensas, que son comedores universitarios, donde la comida está muy rica, hay mucha variedad, mucha gente, y sobretodo muchos puestecillos alrededor de ellas con libros, regalos, posters, entradas de conciertos...
sus LUKAS, más caros que la tinta de impresora. El de Augustuplatz tiene su encanto personal, pero al final todos nos pasamos al BackWerk, que está enfrente y es más barato.
su Ópera,
sus pantallas gigantes para ver el fútbol por todas las calles, parques... Hasta en la facultad tienen sus aulas que se llenan para ver los partidos del mundial. Y lo más gracioso es ver cómo pasan de la más absoluta calma a la euforia desmedida.
Por último, y principal motivo por el que me quiero ir: Se quedará aquí la universidad, HTWK. Porque no sólo no han regalado, es que no han facilitado nada. He sido un estudiante normal y corriente todo el año, en un idioma que no domino. La verdad es que pienso que todas las Erasmus deberían ser así, pero no puedo evitar sentir rabia cuando pienso que a los que se han ido a Polonia les han regalado media carrera por la cara y se han quitado todo lo más difícil mientras yo todavía estoy penando para aprobar asignaturas que ni de lejos son difíciles.
Aún con todo y pensando "Yo esto en la vida lo voy a sacar", he sacado asignaturas y he trabajado un montón pero con una sonrisa en la cara porque me ha encantado estar aquí.