domingo, 31 de marzo de 2013

Duodécimo día en japón

Vamos a comentar un poco el penúltimo día en Japón.

Nos despertamos a las 9 (Javi nos despierta a las 9, y menos mal) y vamos a por algo de desayuno a la misma panadería a la que fuimos con Yoshisuke la última vez. Nos pasamos por el Bookoff y compramos de todo. Yo me he hecho con 3 mangas de Gundam, 2 mangas de algo que tendré que descifrar (al menos sé que va de gente que puede hacer cosas con la sangre y poderes raros), un cuento infantil de Momotaro, una novela ligera y un 2-koma (un comic de historias autoconclusivas compuestas sólo por dos viñetas) de Pokémon. Todo en perfecto japonés, obviamente.

Así me he hecho con un estímulo adicional para aprender japonés otra vez.

Salimos del Bookoff, volvemos al hotel de mala muerte y hacemos Checkout. Esta vez no tardamos nada en dar con el nuevo hotel, ya sea porque la ubicación es mucho mejor, el edificio resalta, tenemos suerte o nos desenvolvemos mejor en nuestros últimos días. Esta vez sí estamos en un hotel casi de lujo. Todo es de estilo minimalista, con iluminación tenue, 11 plantas, cafetería dentro del propio hotel, hilo musical, todo muy elegante, en una zona casi puramente de negocios en la que apenas se ve gente andando por la calle... Hasta tenemos un jardín lleno de vegetación y rocas ordenadas frente a la ventana, en plan vistas bonitas. Sólo hay un detalle ligeramente fastidioso del hotel: Los espíritus del viento parecen querer avisarnos de algo y no paran de silbar en nuestra ventana con un "UUUUUU" agudo que aburre muchísimo. No es un "uuUuuUUUU" de soplido de viento, como cualquiera hemos podido escuchar alguna vez, no. Es un maldito silbido agudo asesino que suena a desesperación crítica. Los espíritus del viento japoneses temen por nuestra vida y nos quieren avisar de algo, en serio. Es que no os lo imagináis.

No sabíamos si el baño venía preparado para baño tradicional o no, pero ante la duda, pues sí. Así que nos hemos pegado un pedazo de baño cada uno, con nuestra agua hirviendo y nuestra tranquilidad zen.

La verdad es que no tenemos nada más pendiente de hacer, porque de visitar el Mt. Fuji hemos desistido, así que salimos a dar una vuelta. Entramos a un edificio que rezaba "BIC Camera", un edificio de cosas de electrónica y demás. Vamos, otro de los típicos de muchas plantas gigantes que tienen de todo. Como decía, entramos y empezamos a comprar cosillas. Yo me he hecho con materiales que llevaba tiempo buscando para montar las maquetas, como por ejemplo un cortador en condiciones, en plan alicates, y un set de limas de verdad, se acabó usar la lima de uñas a lo cutre. Me he comprado también un termo chulísimo de NERV, que va a pasar a formar parte de mi mochila de forma permanente. De los imanes para frigorífico, ni rastro todavía. No sé, es el país anti-imanes o algo así. Será porque afectan a los aparatos electrónicos que tanto aman.

Cuando salimos del sitio le pregunto a esta gente cuánto cuesta el tren para volver al avión pasado mañana y me sorprenden con una cifra 5 veces mayor a lo que yo creía. En este punto me doy cuenta de que debería haber comprado menos gilipolleces, porque tengo el dinero casi justo, con sólo 900 yenes de ventaja. 200 me los acabo de gastar en cenar ramen barato de super mercado, así que me quedan 700 para pasar mañana, que para que os hagáis una idea, son unos 6€. Y estamos en Japón, ¡yupi! Menos mal que el avión incluye comida, porque me parece que pasado mañana voy a ir con hambre. ¡Ja, ja, ja!

Y nada, ahora estamos en la habitación, viendo la tele japonesa, como todos los días, pero ya hasta nos enteramos de cosas sueltas. Creo que el que consiga venirse aquí un año, aprende el idioma de una forma u otra. Y bueno, estamos con nuestros diálogos enriquecedores por aquí, así que voy a ponerme el pijama y bailar al son de los espíritus del viento.

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