Amanece un nuevo día en Tokio, Japón.
Despertamos a las 5 y pico, dispuestos a despedirnos del taicho (jefe en japonés, que es como llamábamos al dueño del Ryokan) con una botella de aceite de oliva. Vamos a desayunar a una cafetería de alto standing por allí cerca y pedimos unos desayunos que, a diferencia del resto del mundo, son fieles al anuncio con el que te lo venden, precisión milimétrica hasta para colocar lechuga y maíz. Yo me pedí pancakes, que tenían buena pinta, y me alegré de la elección al verlos venir. Subo foto en cuanto pueda.
Vamos camino de Ueno. Propongo ir andando porque ya sabemos y nos sale gratis. En vez de eso, al final me convencen para ir andando y desperdiciamos dinero y fuerza, porque acabamos más lejos y llegamos más tarde. Al final fuimos andando igual. Conseguimos nuestros JRPass en la estación de Ueno y cogemos tren hasta la estación central de Tokio. Todo esto ya está mencionado en el post anterior, que escribió David.
Vamos a la terminal de los Shinkasen (trenes bala) y no sabemos si tenemos que coger el "verde" o el "azul". Al final un amable policía nos explica que el azul, y como siempre voy el primero, me pongo a hacer cola en el mismo, el azul. Llevo un rato haciendo cola (yo solo), cuando estos me avisan corriendo para meternos en un tren aleatorio que acaba de llegar. Sorpresa, que ese luego no nos lo cubría el JRPass y podían habernos cobrado más de 60€ si hubieran querido. Menos mal que aquí son buena gente, porque parece que vamos empeñados en hacer las cosas mal.
Para compensar, llegamos a Kyoto y se decide que ahora se hace lo que diga yo. Digo de ir andando hasta el Ryokan, y llegamos al Ryokan. Fin. Es curioso...
En cualquier caso, la gente del nuevo Ryokan es súper maja, digo la gente porque es una comuna hippie internacional. Tengo que hacerme una foto con ellos antes de que nos vayamos. No es irónico, me encanta.
Salimos al medio día de investigación, a visitar un gran templo que hay cerca del Ryokan, y a mitad de camino nos cruzamos con otros dos españoles procedentes de Galicia: Mateo y David. Reconocen que somos españoles, nos gritan y tal, y todo gracioso. Pero no le damos más importancia. La cosa es que van para el mismo templo que nosotros, empezamos a hablar y eso, y la cosa se alarga. Se alarga tanto que hemos estado toda la tarde juntos y hemos ido a cenar en buena compañía. Hemos estado visitando Gion, que es un barrio antiguo, con muchísimas tiendas de comida y cosas artesanales, como abanicos y esas cosas. He estado probando muchas cosas que había de muestra por allí, casi todo hecho de galleta, bambú, judías y té verde... Están locos con el té verde. Hay miles de fotos que subiré a Facebook en breve. Hemos estado visitando otros templos, y paseando por Kyoto, también. Me lo he pasado muy bien.
El sitio en el que hemos cenado era muy chulo, ya veréis la foto. Y bueno, en verdad poco más, que me ha encantado conocer a estos chicos, que además conocen a Flapy, y que parece que Japón atrae a los ingenieros, sobretodo informáticos.
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